5.6.11

Mr. and Mrs. Bayliss

Verano de 2003. Acabo el instituto. Es el año de la selectividad, del examen para el FCE, de las pruebas para entrar en Tradducción. La Universidad. Amistades que quedarán atrás, amores que surgen. Y yo decido que me voy 3 semanas a Greenwich (Londres), a hacer un curso de inglés. Allí me acogieron los Bayliss, un matrimonio de jubilados que se dedica a alojar a estudiantes. En ese verano fuimos 9 chicas. Yo llegué a dormir en su propia habitación, donde pusieron una litera donde dormíamos una chica rusa y yo, y en la cama de matrimonio, dos italianas. Y hasta 5 chicas más en las dos habitaciones que quedan. Una pequeña ONU, porque éramos de diferentes nacionalidades.
En otras circunstancias me hubiera parecido un abuso. Un matrimonio que apiña a adolescentes en literas para hacer su agosto. Pero nada más lejos de la realidad. Se encontraron con un overbooking, culpa de las agencias, y ellos les hicieron el favor de alojarnos a todas. Con todo esto, ellos dormían en unos colchones en el suelo del salón... Digo que no me sentó mal porque nos trataron muy bien. Cuando eres adolescente y cuentas que te vas 3 semanas fuera de casa, a un país extranjero, y a casa de alguien a quien no conoces, todo el mundo te cuenta que tiene un primo que también se fue, y a quien trataron fatal. Pues a mi no. Las comidas fueron muy bien, todo lo que la gastronomía inglesa permite. Nos cedieron su cama, charlaban con nosotras y nos hicieron sentir como en casa.
Unos años más tarde, seguíamos manteniendo el contacto por e-mail. Y en mi erasmus a Liverpool, hice una visita de fin de semana a Londres. Se lo comenté y no dudaron un segundo, tenía alojamiento gratis. Esta vez fui yo la que durmió en el suelo del salón, pero me pareció muy justo.
Primavera de 2011. Recibo un correo que hace que esboce una sonrisa de inmediato. Es Len Bayliss, que tras un largo periodo de silencio por enfermedad, me dice que en Mayo vienen a Barcelona. Me dice que quiere que nos veamos, y le digo que encantada.
Estoy nerviosa, voy al encuentro de alguien a quien no veo desde 2005. Nos abrazamos, nos besamos. Me cuentan que están bien, que han superado esa grave enfermedad. Me alegro enormemente. Nos ponemos al día y me cuentan que esa noche es su 50 aniversario de bodas y han querido pasarla conmigo. Me parecen maravillosos.
Son una pareja con quien compartí 3 semanas de un verano de hace 8 años. Quien me cuidó como si fuera de su familia. Que fueron cruciales para que esa experiencia resultara positiva. Creo que este tipo de gente es lo que Albert Espinosa llama el mundo amarillo: aquellas personas que sin ser familia, amigos íntimos, pero que son especiales.
Thanks mates!!

2 comentaris:

MrBlonde dijo...

¡Que guay la historia! Mola.

àngela dijo...

que polit, Alba... cute story! :)